El porqué de reponer minerales

Durante el ejercicio, el organismo pierde agua y electrolitos a través del sudor como parte de la termorregulación. El sodio es el que se excreta en mayor proporción, seguido del potasio y, de forma marginal, del magnesio; la magnitud de la pérdida varía según la tasa de sudoración, la intensidad y la duración del esfuerzo, las condiciones ambientales y la aclimatación.
El sodio es el principal catión del líquido extracelular: regula la distribución del agua corporal y, junto con el potasio, mantiene el potencial de membrana necesario para la función nerviosa y muscular. Reponer solo agua en esfuerzos prolongados no compensa esa pérdida y diluye la concentración plasmática de sodio, lo que compromete la retención del líquido ingerido y el equilibrio hidroelectrolítico.
Un desequilibrio sostenido reduce el rendimiento y la capacidad de termorregulación; en sentido opuesto, la ingesta excesiva de agua sin sodio puede causar hiponatremia asociada al ejercicio (EAH), descrita sobre todo en pruebas de larga duración (ACSM 2007).
Por ello, la reposición debe aproximarse a la proporción real de minerales perdidos. La formulación reproduce la proporción de sodio, potasio y magnesio del sudor humano, sin incorporar cantidades no justificadas por la fisiología de la pérdida.
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El agua corporal se distribuye entre los compartimentos intracelular y extracelular. El sodio (Na⁺) es el principal catión del líquido extracelular y el determinante osmótico de su volumen, mientras que el potasio (K⁺) constituye el catión mayoritario del medio intracelular. El gradiente de concentración entre ambos compartimentos, mantenido por la bomba sodio-potasio, genera el potencial de membrana del que dependen la propagación del impulso nervioso y la contracción muscular. La alteración de este equilibrio iónico afecta directamente a la función neuromuscular (ACSM 2007; Baker & Wolfe 2020).
La pérdida de electrolitos se origina en la respuesta termorreguladora al ejercicio. Las tasas de sudoración se sitúan habitualmente entre 0,5 y 2 L/h, y pueden ser superiores en ambientes calurosos. El sodio es el electrolito excretado en mayor cantidad; su concentración en el sudor oscila aproximadamente entre 10 y 90 mmol/L en función del individuo, la intensidad del esfuerzo y el grado de aclimatación (Baker 2017). En esfuerzos de larga duración, la pérdida acumulada de sodio puede alcanzar varios gramos.
La reposición exclusiva de agua presenta un límite fisiológico. Cuando el volumen de líquido ingerido sin sodio supera al perdido, la concentración de sodio plasmático disminuye y puede desarrollarse hiponatremia asociada al ejercicio (EAH), descrita fundamentalmente en pruebas de resistencia y asociada a la sobreingesta de agua o de bebidas con bajo contenido en sodio (ACSM 2007). El aporte conjunto de sodio y líquido reduce el riesgo de dilución y mejora la retención del agua ingerida: el sodio contribuye a conservar el volumen plasmático y a mantener el estímulo de la sed, en parte a través de la regulación hormonal renal, lo que incrementa la eficacia de la rehidratación frente a la ingesta de agua sola.
El potasio cumple una función complementaria. Aunque su pérdida por el sudor es moderada (en torno a 2–8 mmol/L; Baker 2017), participa en el mantenimiento del potencial de reposo de la membrana y en la función muscular. Su elevada reserva intracelular amortigua las pérdidas agudas, por lo que su prioridad de reposición durante el esfuerzo es inferior a la del sodio, si bien mantiene relevancia en sesiones prolongadas.
El magnesio (Mg²⁺) actúa como cofactor de numerosas reacciones enzimáticas, incluidas las dependientes de ATP, y participa en la función neuromuscular. No obstante, su pérdida por el sudor es marginal. Las estimaciones históricas se hallaban sobrevaloradas por contaminación cutánea durante la recogida de muestras, un artefacto corregido por Ely et al. (2013), que situaron el magnesio del sudor en torno al 0,4–1,0 % del mineral total. En consecuencia, una reposición ajustada a la fisiología incorpora el magnesio en una dosis baja y proporcional, no en cantidades elevadas carentes de justificación.
Por último, debe considerarse la elevada variabilidad interindividual de estas pérdidas. Existen individuos con una concentración de sodio en el sudor notablemente superior a la media (salty sweaters), y los datos normativos muestran diferencias relevantes entre disciplinas y perfiles (Barnes 2019). La reposición de electrolitos no sustituye a una estrategia integral de hidratación ni a la aclimatación, pero contribuye a preservar el equilibrio hidroelectrolítico que la ingesta de agua por sí sola no puede mantener en los esfuerzos de larga duración (ACSM 2007; Baker 2017).

Qué pierde realmente el cuerpo con el sudor

Durante el ejercicio, el organismo pierde agua y electrolitos a través del sudor como parte de la termorregulación. El sodio es el que se excreta en mayor proporción, seguido del potasio y, de forma marginal, del magnesio; la magnitud de la pérdida varía según la tasa de sudoración, la intensidad y la duración del esfuerzo, las condiciones ambientales y la aclimatación.

El sodio es el principal catión del líquido extracelular: regula la distribución del agua corporal y, junto con el potasio, mantiene el potencial de membrana necesario para la función nerviosa y muscular. Reponer solo agua en esfuerzos prolongados no compensa esa pérdida y diluye la concentración plasmática de sodio, lo que compromete la retención del líquido ingerido y el equilibrio hidroelectrolítico.

Un desequilibrio sostenido reduce el rendimiento y la capacidad de termorregulación; en sentido opuesto, la ingesta excesiva de agua sin sodio puede causar hiponatremia asociada al ejercicio (EAH), descrita sobre todo en pruebas de larga duración (ACSM 2007).

Por ello, la reposición debe aproximarse a la proporción real de minerales perdidos. La formulación reproduce la proporción de sodio, potasio y magnesio del sudor humano, sin incorporar cantidades no justificadas por la fisiología de la pérdida.
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El sudor se produce en las glándulas sudoríparas ecrinas. La secreción primaria, generada en la porción secretora de la glándula, es prácticamente isotónica respecto al plasma; durante su tránsito por el conducto sudoríparo se reabsorbe parte del sodio y del cloruro, de modo que el sudor que alcanza la superficie cutánea es hipotónico. La eficiencia de esta reabsorción ductal disminuye al aumentar la tasa de sudoración: a mayor flujo, menor tiempo de contacto y, por tanto, mayor concentración de sodio en el sudor final (Baker & Wolfe 2020).

Las concentraciones medias de electrolitos en el sudor durante el ejercicio se sitúan aproximadamente en: sodio 10–90 mmol/L (media en torno a 50), potasio 2–8 mmol/L (media en torno a 5) y magnesio 0,02–0,40 mmol/L (Baker 2017; Montain 2007). Al convertir estos valores a peso y referirlos al mineral total, resultan las proporciones aproximadas del 80–85 % para el sodio, 14–18 % para el potasio y 0,4–1,0 % para el magnesio, que constituyen la base de la composición de la fórmula.

Las estimaciones históricas de magnesio, calcio y zinc en el sudor estaban sobrevaloradas a causa de la contaminación de la piel durante la recogida de muestras. Ely et al. (2013) demostraron este artefacto metodológico y redujeron los valores aceptados de estos microminerales. El método de referencia para cuantificar las pérdidas reales es el lavado de cuerpo entero (whole-body washdown), establecido por Shirreffs y Maughan (1997), que permite recoger la totalidad del sudor y evitar la sobreestimación propia de las técnicas regionales.

La composición del sudor presenta una elevada variabilidad interindividual. La concentración de sodio puede diferir de forma notable entre personas —los denominados salty sweaters presentan valores muy superiores a la media— y entre disciplinas deportivas; los datos normativos desglosados por deporte confirman estas diferencias (Barnes 2019). La fórmula adopta valores centrales representativos de los rangos descritos, de modo que resulte adecuada para un espectro amplio de perfiles sin sobredimensionar ningún mineral.

BRUT SALTS

 

Elemento Formato Elemental (mg/capsula) % del mineral elemental
Sodio Cloruro sódico 225mg 84%
Potasio Citrato tripotásico 40mg 15%
Magnesio Malato de magnesio 2,5mg 1%

 

 

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El contenido de mineral elemental de cada cápsula se obtiene a partir del peso molecular y de la fracción de elemento de cada sal, verificados con fuentes químicas de referencia internacional:

  • Cloruro sódico (NaCl), peso molecular 58,44 g/mol: la fracción de sodio es 22,99 / 58,44 = 39,34 %. De 573 mg resultan aproximadamente 225 mg de sodio.
  • Citrato tripotásico monohidrato (K₃C₆H₅O₇·H₂O), 324,41 g/mol: contenido teórico de potasio del 36,16 %, coincidente con el 36 % declarado por el proveedor. De 112 mg resultan 40,3 mg de potasio.
  • Malato de magnesio anhidro (C₄H₄MgO₅), 156,38 g/mol: contenido teórico de magnesio del 15,54 %, coincidente con el 15 % declarado. De 17 mg resultan 2,5 mg de magnesio.

La suma de mineral elemental distribuye el sodio, el potasio y el magnesio en una proporción cercana a 84 / 15 / 1 en peso, coherente con la composición del sudor descrita anteriormente. Los valores se expresan como mineral elemental aportado por cápsula, magnitud verificable a partir de la ficha técnica del producto, y no como peso de sal.

La dosis de magnesio se mantiene baja y proporcional a su pérdida real por el sudor. No se ha incrementado para alcanzar los umbrales que permitirían incorporar declaraciones de propiedades saludables, ya que ello supondría apartarse de la proporción fisiológica que fundamenta la fórmula.

La cápsula es de HPMC (hidroxipropilmetilcelulosa), un polímero de origen vegetal, en tamaño 00. El estearato de magnesio actúa como lubricante y antiadherente durante el encapsulado, y el dióxido de silicio coloidal como agente de deslizamiento y anticompactante; ambos se emplean en cantidades mínimas (7 mg y 3 mg, respectivamente).

Por qué estos minerales.


La elección de cada forma mineral responde a criterios de tolerancia digestiva durante el esfuerzo, y no al menor coste de la materia prima. El sodio se aporta como cloruro sódico, la forma estándar y mejor caracterizada para su reposición. El potasio se incorpora como citrato tripotásico en lugar de cloruro potásico, por su mayor tolerancia gástrica y su sabor menos intenso. El magnesio se aporta como malato, una forma con menor efecto laxante que otras sales de magnesio durante el ejercicio. Algunas de estas formas implican un coste superior, asumido de forma deliberada para priorizar la tolerancia del producto en condiciones de uso

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El potasio se formula como citrato tripotásico en lugar de cloruro de potasio (KCl). El cloruro potásico presenta un sabor salino-metálico marcado y aporta una carga adicional de cloruro que puede empeorar la tolerancia gástrica. El ion citrato resulta menos irritante para la mucosa digestiva y, al metabolizarse, ejerce un ligero efecto tampón de carácter alcalinizante. Por estos motivos, el citrato es preferible en una formulación destinada a su ingesta durante o alrededor del esfuerzo.

El magnesio se aporta como malato anhidro en lugar de óxido, sulfato o citrato de magnesio. Las sales de magnesio peor toleradas ejercen un efecto osmótico en la luz intestinal: retienen agua en el intestino y pueden provocar molestias gastrointestinales y diarrea, particularmente inoportunas durante el ejercicio. El malato —anión del ácido málico, intermediario del ciclo de Krebs— presenta una menor carga osmótica y una tolerancia digestiva más favorable en estas condiciones. Se trata de una materia prima de mayor coste, seleccionada de forma deliberada por su perfil de tolerancia.

El sodio se aporta como cloruro sódico, la forma de referencia para su reposición, de disociación iónica completa y ampliamente caracterizada en la literatura. Constituye la opción estándar tanto por su comportamiento fisicoquímico como por su trazabilidad documental.

Lo que no llevamos.

La transparencia sobre las funciones del producto incluye delimitar lo que no realiza. Esta formulación tiene un objetivo definido —la reposición de los electrolitos perdidos por el sudor— y no abarca otras funciones que con frecuencia se atribuyen a productos similares:

No constituye un suplemento de magnesio. La dosis aportada (2,5 mg por cápsula) es baja y proporcional a la pérdida por el sudor, muy inferior a las cantidades requeridas para incorporar declaraciones de propiedades saludables, y no está destinada a corregir estados de déficit de magnesio.

No aporta energía ni hidratos de carbono. Su función se limita a la reposición mineral; en esfuerzos prolongados debe complementarse con una estrategia de hidratación y de aporte energético.

No previene por sí solo los calambres musculares asociados al ejercicio. Su etiología es multifactorial y no se explica únicamente por la pérdida de electrolitos.

No sustituye la aclimatación, el entrenamiento ni una pauta de hidratación individualizada; se integra como un componente más de la estrategia de hidratación.

No incorpora ninguna declaración nutricional o de propiedades saludables que no pueda sustentarse en fuentes primarias.

Bibliografía y marco legal

Pérdida de minerales en el sudor

  • Sawka MN, et al.; American College of Sports Medicine. Exercise and fluid replacement. Med Sci Sports Exerc. 2007;39(2):377-390. DOI: 10.1249/mss.0b013e31802ca597
  • Baker LB. Sweating Rate and Sweat Sodium Concentration in Athletes. Sports Med. 2017;47(Suppl 1):111-128. DOI: 10.1007/s40279-017-0691-5
  • Baker LB, Wolfe AS. Physiological mechanisms determining eccrine sweat composition. Eur J Appl Physiol. 2020;120(4):719-752. DOI: 10.1007/s00421-020-04323-7
  • Montain SJ, Cheuvront SN, Lukaski HC. Sweat mineral-element responses during 7 h of exercise-heat stress. Int J Sport Nutr Exerc Metab. 2007;17(6):574-582. DOI: 10.1123/ijsnem.17.6.574
  • Barnes KA, et al. Normative data for sweating rate, sweat sodium concentration and sweat sodium loss in athletes. J Sports Sci. 2019;37(20):2356-2366. DOI: 10.1080/02640414.2019.1633159
  • Shirreffs SM, Maughan RJ. Whole body sweat collection in humans: an improved method. J Appl Physiol. 1997;82(1):336-341. DOI: 10.1152/jappl.1997.82.1.336
  • Ely MR, et al. The effect of heat acclimation on sweat microminerals: artifact of surface contamination. Int J Sport Nutr Exerc Metab. 2013;23(5):470-479. DOI: 10.1123/ijsnem.23.5.470

Composición química de las formas

  • The Merck Index Online (Royal Society of Chemistry). Monografía M9014 (citrato de potasio).
  • DrugBank Online. Potassium citrate monohydrate. DBSALT002942.
  • Linus Pauling Institute, Oregon State University. Sodium (Chloride) Micronutrient Information.
  • CAS Registry Number 869-06-7. Magnesium malate, C₄H₄MgO₅, PM 156,38 g/mol.

Marco regulatorio

  • Real Decreto 130/2018, por el que se regulan los complementos alimenticios.
  • Reglamento (UE) 1169/2011 — información alimentaria facilitada al consumidor.
  • Reglamento (CE) 1924/2006 — declaraciones nutricionales y de propiedades saludables.
  • Reglamento (UE) 432/2012 — lista de declaraciones de propiedades saludables autorizadas.
  • Directiva 2002/46/CE — aproximación de las legislaciones sobre complementos alimenticios.